Amelia

 Saltó de la cama a regañadientes. Cuánto más le hubiese gustado quedarse por lo menos una hora más. Bien leyendo, bien remoloneando. Pero justo hoy tenía que acudir  a su cita con su médico. Era tarde para anular la cita, así que se duchó y vistió a toda prisa.
Apenas hubo terminado se dirigió a la cocina a calentar el café que previsora había dejado hecho la noche anterior.
En ese momento sonó el timbre de la puerta con inusitada insistencia.
¿Quién será tan temprano - pensó - echando una  rápida ojeada al reloj.
Abrió la puerta.
Un torbellino de pelo rojo se coló hasta la cocina gritando como loco, café, café, quiero, necesito café.
-Buenos días, mi lindo rascacio -dijo Amelia.
-Espera, espera, un segundo -dijo el torbellino sorbiendo el café frío. Y exclamó: ay qué bueno está frío y tó.
-Parece que has heredado lo mejor de la familia -dijo Amelia. La educación y la sutileza, querida.
-A qué te refieres, preguntó sin dejar de sorber café el rascacio.
-No he sido clara? ¿Qué tú crees, Petra?
-Bueno, tía, dime, dónde vas y te llevo. Tengo algo muy importante que contarte.
-¿Tan importante es que no puede esperar?
-Mucho, mucho,  A m e l i a- repuso Petra con cierto rintintin.
-Está bien, Petra. Tú ganas, pero tenemos que irnos ya. ¿Tienes el coche muy lejos?
-Justo delante de la puerta- respondió la aludida. Y añadió ¿-dónde vamos?
-Tengo una cita con mi médico en calle Miraflores.
¿Y dónde queda eso?
-Ya te iré indicando, tu arranca, no queda lejos. Y por favor, no corras demasiado.
-A veces me resultas como esas solteronas que...
-No me digas, solterona, soy una divorciada. D i v o r c i a d a. ¿Te enteras?
-Era una broma, t í a A m e l i a.
-Más respeto, Petra. Ambas rieron a carcajadas.
¿Cómo te va en el trabajo, Petra?
-Bien, muy bien, mal pagada como todas, pero me encanta mi trabajo.
¿Y no les has planteado una subida de sueldo?
-Pues, no, la verdad.
-Qué poco sabéis de dignidad en estos tiempos.
-Jó, tita, no te pongas interesante.
-Te he dicho mil veces que se dice tiita.
-Vale, vale, tiita. ¿Me dejas hablar?
-Ya te dejo, pero gira a la izquierda.
- Pues verás, tía, ¿ te acuerdas de Alex?
-Alex, Alex qué.
-Oh tía cuando quieres ponerte espesa no se puede contigo. Alex, el de Facebook.
-Ah, ese Alex, alias Speedy González-respondió con una sonora carcajada.
-Pues, sí. Ese -dijo Petra con cara enfurruñada.
-A tu amigo del alma te refieres, ¿no?
-Así es.
-Pues en las fotos, os veo más que amigos, muy cariñosos. ¿No será que...¡¡¡¡cuidado!!! Le dio tiempo a decir. Luego todo fue oscuridad.

                                                                       -2-

Cuando despertó, se encontraba en una cama extraña. A su alrededor se movían unos seres muy raros y solemnes. Más que moverse parecían deslizarse sin ruido alguno. Ni un leve rumor de pasos. Su expresión no era grave, aunque tampoco amistosa.
-¿Dónde está Petra? Se oyó decir con un tono que no le pareció el suyo.
Uno de aquellos seres, le indicó silencio con un dedo en la boca. Si es que aquello era un dedo.
A ella le pareció otra cosa.
¡Cuanta luz hay aquí -se dijo y repitió en voz más alta: ¿Dónde está Petra?
Una especie de mujer se acercó a ella y le dijo en un idioma que entendía a la perfección. -Petra está bien.
¿Puedo, puedo verla?
-No. Ahora tiene que descansar. Y rozando con " la mano" su frente la sumió en un profundo sueño.
Cuando volvió a abrir los ojos, desconocía cuanto tiempo había transcurrido ni cómo había llegado allí.
Estaba en un columpio y se balanceaba en medio de un jardín inmenso lleno a rebosar de todas las flores inimaginables. Al lado de su columpio, un niño de corta edad también se balanceaba. La risa y los grititos de placer del crio le parecieron como un entrechocar de puros cristales.
-¿Cómo te llamas? le preguntó al niño.
-¿Es que lo has olvidado? Respondió.
-¿Olvidado? No creo que no me lo has dicho. No te conozco.
¡Pues claro que me conoces, tía Amelia.
-Sabes mi nombre -dijo Amelia mirando al chico detenidamente. Quería o creía reconocer aquellas facciones infantiles.
El niño se apeó de un brinco del columpio y tirando de la mano de Amelia tiró de ella diciendo: ¡ven! Vamos a buscar a mi hermana Petra. Amelia le siguió como sonámbula repitiendo, Petra, Petra. Aquel nombre le sonaba.
No conseguía recordar nada, saber nada. Ni siquiera de sí misma. ¡Se llamaba Amelia! Eso había dicho el niño.
-Seguro que se ha escondido, oyó que decía el niño. Le encanta jugar al escondite. Yo siempre la encuentro. Venga, vamos.
Apenas habían caminado unos metros cuando entre un macizo de margaritas se vio una cabecita de rizos rojos brillando como una hoguera a pesar del sol que reinaba en el jardín.
-Te pillé- dijo el niño.
-Qué tonto eres, Alex. No estaba escondida. Seguidamente saludó, ¡Hola, Amelia! ¿Ya estás bien?
-Sííí, dijo sofocada, avergonzada. No sabía que decir. Era evidente que los niños la conocían, pero ella no los había visto en su vida. No sabía que decir.
-Dónde están vuestros padres- preguntó. Como es que os dejan solos en este lugar tan inmenso.
-No nos han dejado solos dijeron dos voces a dúo. Y repitiendo, nos han dejado contigo, tía.
-Tía, tía, se repetía Amelia una y otra vez para sí.
¡Vamos, tiita, juega con nosotros. Y comenzaron a correr en círuclos haciendo el avión. 
-Soy un avión, decía Alex.
-Soy un pájaro, decía Petra.
Petra se sentó en un sillón blanco que había aparecido por arte de birlibirloque. Justo lo que necesitaba. No me había dado cuenta de lo cansada que estaba.
Miró alrededor. Los niños ya no estaban. Llamó, Petra, Alex. Nadie respondió.

                                                                           -3-
Estaba de nuevo en aquella cama rara con aquellos seres raros.
¿Dónde está Petra? ¿Dónde estoy? ¿Quién soy?
Uno de ellos se acercó y rozó su frente.
-Vaya, vaya. Por fin se despertó la bella durmiente.
Varias sombras rodeaban una cama de hospital. La suya.
-Despierta dormilona. Menudo susto nos has dado.
-¿Petra?
El rostro sonriente de Petra estaba a su lado.
-Hola, qué ha pasado? ¿Qué hacéis todos aquí?
-Estás en un hospital, tía. Estamos todos contigo-dijo Petra.
-Ya os veo dijo Ameliz esbozando una de sus sonrisas. Pero qué alarmistas sois. Ahora recuerdo. Y elevándose de la cama preguntó angustiada ¿Y tú Petra, estás bien?
-Sí, tía. Solo fue el susto. Lo peor te lo llevaste tú, pero no te preocupes, los médicos nos han dicho que te has recuperado milagrosamente.
¿Qué me querías contar tan importante, Petra?
Que Alex y yo, hemos decidido casarnos. Queremos tener dos hijos.
¿Porqué será que no me coge de sorpresa-dijo Amelia con una sonrisa misteriosa. ¿Y dices que los médicos dicen que me he recuperado milagrosamente?
                                                                               FIN

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