La Mano

 Llevaba horas caminando sin rumbo bajo una lluvia torrencial. Había perdido la noción del tiempo. Tan solo notaba su pecho encogido que como un puño, envuelto en cinta americana, no se le permitiera abrir.
No dejaba de pensar en lo ocurrido aquella fatídica mañana cuando aquel cuerpo de mujer cayó ante sus pies desmadejado y sin vida. Aquel rostro lívido y aquellos ojos abiertos al horror no la abandonaban ni un segundo. Erraba y erraba sin saber encontrar el camino a casa. Se percató de que el móvil sonaba y sonaba. En un momento de lucidez pensó <<No ha dejado de sonar, no ha dejado de sonar>>. Lo cogió como una autómata.
-¡Hija, dónde estás! ¡Llevo horas llamándote! ¡Me muero de preocupación! ¿Cómo estás? ¡María por Diós di algo!
-Mamá, mamá 
Una mano gélida se posó en su hombro. Volvió la cabeza. La mujer que había visto por la mañana estaba ante ella. 
María murió en el acto.
En su mano un papel arrugado rezaba: No es para tanto, chica.

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