El wasap de la alegría

-  Cada día brilla. Aunque se cubra de nubes guarda su belleza.
- Unidad.
 Estamos unidas en un único pensamiento. En este momento contemplo el cielo. Pensaba describirlo. Está tan hermoso. Ahora comprendo que significa gris marengo. El mar está justo de ese color.
Sí, como tú dices es un hermoso día. Tantos grises y todos luminosos.
-Te envío esta caléndula que floreció esta mañana.
-Qué hermosura, qué hermosura. ¿Cómo anda tu espalda? Bueno, andar, seguro que andar, no anda. Ja ja ja ja ja.
- Hola, linda. Pues la verdad bastante regular. ¡eh! Tengo un dolor en el lado derecho ¡ puf!  Sobre todo que se me ha pasado a la cadera, entonces cuando estoy sentada me fastidia bastante, pero bueno, cuando pase esta semana termine el trabajo más duro, si no se pasa que me lo miren a fondo. Bonita un besazo.¡ Ah, los truenos!
Qué bonito es recibir en domingo un mensaje de Elena. Menos mal que Carlos no es celoso. Me parece estupendo que cada uno mantenga su propio espacio. Por regla general la mayoría suele ser acaparadora, y creo que ese es el mayor error entre las parejas. De hecho a Alonso se le ocurrió una vez intentarlo con un desastroso resultado que corrigió enseguida. Amelia no hubiera tolerado su falta de confianza y él lo sabía.
Creo que wasap es tan utilizado porque es la mejor manera de sostener un monólogo sin ser interrumpido. Así, la llamada telefónica, incluye a veces una discontinuidad poco deseable en la que lógicamente me incluyo.
 Y así se entretuvo aún un buen rato en uno de sus acostumbrados soliloquios en los que incluía conversaciones imaginarias en situaciones asimismo imaginadas.
Sonó el teléfono.
Hola, mi linda. ¡Cuánto tiempo sin saber de ti!
Supongo que tarde o temprano sucedería.
Pues acertaste, mi amiga. Que bien te ves. Por ti no pasa el tiempo.
Claro que no. Soy como el spot publicitario. No pesan los años, no pesan los kilos.
Cómo me gusta tu humor, mi hermana.
Veo que he ascendido en la escala afectiva.
No podía ser de otra manera, mi linda.  
Sin embargo usted no ha cambiado en nada su costumbre de halagar.
Por favor, Amelie, ¿Cuándo me tutearas?
Cuando las ranas...
Ay, no miha. No me utilice esos dichos tan populacheros.
¿En qué quedamos? ¿Amiga, hermana, hija? Desde luego tengo donde escoger.
Así está mejor. Todo eso y más eres para mi.
Bien. ¿Tiene algo importante que notificarme?
¡Ni que fuese esto el telediario, Amelie! Me apetecía hablar contigo. He estado viajando mucho por el ancho mundo y necesitaba regresar al hogar.
Entiendo. Bienvenido, pues.
¡Gracias, muchas gracias! Eso sienta bien al karma.
Me alegro por usted. ¿Algo más?
No. Nada por hoy. Se va haciendo tarde y he de atender otros asuntos. Pero te volveré a llamar si no te importa.
¿Hay otra opción?
Siempre, o casi siempre hay opciones para todo. Yo, estoy interesado en tu amistad y seguiré intentándolo. Me llamo Juan de la Marea. Y soy impenitente como una ola.
De acuerdo Juan. No deja usted nada al azar.
El azar, si hay una voluntad, se pone de nuestro lado.
Querrá decir del suyo.
Tenme paciencia, Amelie. Te sorprendería conocer la fuerza que una voluntad ejerce.  Como la gota de agua en la roca. Dale recuerdos a Elena. Tengo tanto que contarte. Ahora descansa mi amiga. La magia existe en los corazones concordantes. Y el tuyo y el mío lo son aunque tú todavía lo ignores. Buenas noches, Amelie.
Sonó un tono prolongado. La comunicación había sido interrumpida.
Amelia, guardó un largo silencio interior. No sentía nada.





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