Diario

Si la excitabilidad esconde una debilidad, he de encontrar pues, cual es esa debilidad.
Sí,  me excité ante la frase de ella: "mañana voy a casa de tal,  si quieres, me paso por ti.  He leído en el FB que estabas mal de ánimo y..."
Pudo preguntar, ¿qué te pasa?, qué tienes?
Es cierto que no nos pueden querer como deseamos ser queridos, pero justamente la frase voy a casa de, pero no a la tuya que está a un paso...
La debilidad debe ser la envidia. Mi envidia. Ora bien, cuántas han sido  la veces que he repetido que, la que debe invitarme a ir a su casa debe ser aquella en cuestión que es la dueña de la casa directamente. (Este acto se limita a una sencilla llamada). Si no se produce, debe ser que no hay interés en ello.
En circunstancias normales esto no sería importante, pero lo es dado que la relación entre nosotras y que no se caracteriza por la normalidad,  o lo que por ella se entiende.
Con esto no pretendo excusar mi salida de tono. Precisamente porque estaba en una situación de debilidad, las palabras (que no la intención, y así me consta) de quién telefoneaba,   lo que refrescaba,  era justamente la idea del abandono en el que me sentía. (Un abandono por cierto constatable y constatado).
Alude enojada, y trás colgar el teléfono, por vía Whasapp a una por mi pretendida "exclusividad". Yo lo contemplo de otro modo. Mi modo de encontrarnos es verse  y desde la intimidad hablar. Sin las consabidas reuniones multitudinarias.. La crispación surge ante la reiterada intención de pasar por alto mi modo de ser y ver las cosas mientras se justifica todo y a todos sin más. Lo que me lleva a pensar sumando a la ausencia y la carencia de comunicación -práctica y realmente inexistente- ya que no hay deseo alguno de acercamiento-. Si para más inri, cuelga el teléfono ante el asomo de la crispación, entonces ¿?...
1. Mi excitación. Estoy cansada de decir....
2. La interrupción de ella y el cuelgue de teléfono.
3. Mi mensaje: Acepto tus prioridades.
Y, no cargues tus decisiones contra las prioridades mías. Porque si tus prioridades no elijen el camino que te trae a mi, no busques excusas. No es a mi a quién le debes una explicación sino a ti misma.
A esto uno otro mensaje que primero subo a FB y después a su muro. "
Sus palabras siguientes ofensivas y furibundas delatan que su "conciencia está tranquila" como ella manifiesta, pero a la legua se comprende que no lo está.
"Más sola te vas a quedar. La reina de la educación y de las normas se ha quedado a la altura del betún" Amor, cercanía, mucho respeto por su parte.
Y luego mensajes y mensajes con intentos de conciliación entre los que se filtran la rabia y un mal genio que no puede esconderse a pesar de las buenas palabras.
Pasan los días. Telefonea y no cojo, pone mensajes que no leo.
Un día, tras muchos días cojo el teléfono. Es ella. ¿No ha sido para tanto, dice.
La interrumpo. Perdona,  no puedo hablar contigo,  aún no estoy preparada para hacerlo. Cuelga. ¡Otra vez!
Durante todo el día envía mensajes de whasap que no me molesto en leer. Los borro todos.
Es imposible reflexionar y poner mis ideas en limpio. Si sigue así mucho me temo que la conciliación será más y más díficil.
¿Qué parte no entiende  de, aún no estoy preparada,  para seguir insistiendo?
Menos mal que la soberbia soy yo, según ella publica en FB abiertamente.






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