El encuentro

Hacia tiempo, o mi me lo parece, que no echábamos juntas un rato de risas y de relatos de la propia vida intensos y vivos aunque no fueran de hace tres días, ni de un año. Ella, muchísimisimo más jóven que yo y con educaciones paralelas (tanto duró el Franquismo) .
Se llevó dos libros: Razón poética sobre Maria Zambrano, y El Anticristo de Nietzsche porque no lo había leído.
Hubo un conejo al ajillo, una sopa fría de pimientos y garbanzos, y un regalo recién llegado segundos antes de que ella apareciera por la puerta. Un vino galleguiño de mi vecino A.  y que nos supo a gloría cuando se enfrió en el congelata debídamente,  y que nos bebimos de postre junto a un sabrosísimo helado.
Las risas entre otras venían de una revista que un rato antes había leído mi hermana L. Y que no quiso quedarse a comer. Ella es aún más volátil que la que suscribe.
Decía así:" Lo malo de tener hijos son los automatismos. Ayer mi mujer, quiso hacerme un striptease
y cuando se quitó las bragas le puse un pañal."
Si la urbanización salió indemne del terremoto de risas, es más segura de lo que pensaba. Lo grabamos lo escribimos, lo envíamos por whasap. En fin, la risa duró y duró. pero como hay de todo en la vida trás comer con gula (tú y tus carnes) decía tomando de la fuente pequeños trocitos desprendidos. Coge uno grande y no te andes con remilgos que ya nos conocemos. Y tiró de uno  bien hermoso dando buena cuenta de él.
Así me gusta, mi niña.
Cuando llegó, fue recibida con una copa helada de cerveza. Eran las dos y media de una tarde de agosto. Me abrazó, la abracé nos abrazamos copa en mano y ya entre risas.
Con este caótico modo de contar va a ser difícil comprender, pero paso de ordenarlo, de ponerle adornos literarios. Es así, como fue nuestro encuentro¡. Un revoltijo de vida.!
Faltó sel baile. Cosa rara, rara.
Pero como todos nuestros encuentros, intenso de todo a más no poder.

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