El ruido
Eran las cinco y diecinueve minutos de la madrugada. La certeza horaria, por regla general irrelevante, surge cuando aquél ruido se prolonga. Espero aún. ¿Qué es eso? No consigo distinguir el sonido. Me levanto, miro entonces el teléfono para saber la hora. Ya perfectamente despierta. Son en ese momento las cinco y diecinueve de la madrugada. Lo que fuese que emitía aquella especie de sirena no cesaba. Me asomé a la ventana. Venía, o así lo parecía del este. Si al principio me había parecido un grito como de risa de mujer, pronto me dí cuenta de que no era emitido por ningún ser humano. Pensé en unos vecinos, que tienen dos chicos con extrañas enfermedades y que emiten sonidos extraños. No. Tampoco eran ellos.
Bronco, de pronto, afilado, casi humano y siempre desagradable estuvo sonando durante un tiempo asaz largo. A veces oscilaba. Alrededor, ni un movimiento de nadie que se asomara curiosa. Una leve tos durante el sueño de alguien. Ya no era posible encontrar el apacible dormir en el que había estado, de modo que, miré al mar. Iluminado en parte por la luz pálida de la luna. Simulaba una laguna rizosa, como si muchas bocas sonrieran a la par. Y me detuve maravillada, ignorando el extraño sonar de lo que fuera que lo emitiera. Me alegré de haber despertado. De poder mirar extasiada los espejos que la luna proyectaba en la mar.
Acabó la noche. Acabó el raro sonar de lo que fuera. Acabó el dormir. Pero en mis retinas permanece aquél brillo pálido de la luna en el agua, y cientos de bocas sonriendo.
Bronco, de pronto, afilado, casi humano y siempre desagradable estuvo sonando durante un tiempo asaz largo. A veces oscilaba. Alrededor, ni un movimiento de nadie que se asomara curiosa. Una leve tos durante el sueño de alguien. Ya no era posible encontrar el apacible dormir en el que había estado, de modo que, miré al mar. Iluminado en parte por la luz pálida de la luna. Simulaba una laguna rizosa, como si muchas bocas sonrieran a la par. Y me detuve maravillada, ignorando el extraño sonar de lo que fuera que lo emitiera. Me alegré de haber despertado. De poder mirar extasiada los espejos que la luna proyectaba en la mar.
Acabó la noche. Acabó el raro sonar de lo que fuera. Acabó el dormir. Pero en mis retinas permanece aquél brillo pálido de la luna en el agua, y cientos de bocas sonriendo.
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