Selenita-Lunática

¡Me corro de placer!
Así me hacen clamar ciertas músicas: ¡me corro de placer!
No. Tal vez no se corresponda semejante frase con una mujer de mi edad, si es que el mismo placer y el correrse tienen edad.
Lo cierto es que me sale de los  mismísimos adentros, de las asaduras, como diría una folklórica.
Lo cierto es que es tan veráz, que no me apetece encorcetarla, ni hacerla prisionera, ni omitirla.
Con la violencia no me ocurre, ni con los abusos, ni con las injusticias. Pero si surge esa expresión con algunas músicas. Así, de viva voz.
Siento al oírlas cómo el placer se enseñorea de mi cuerpo entero, y hasta de mi espíritu, porque no hay nada más espiritual que un orgasmo prolongado y si además va acompañado de acordes musicales, ni te cuento. Hasta tal punto se acelera el pulso que, la pluma vuela como aquél velero mercantil.
Correrse es coger el cielo con las manos acompañando a Brahms, o a Camarón,  a Bach o a Pink Martini: y además con esa luna descaradamente sensual que no parpadea.
Grande ella, sobre mi cabeza, guía la mano que habla con letras, palabras y gestos. Silabas mudas, parlantes, aunadas e inspiradas por su sola presencia, y la música...
¿Que tienes, que tantas cosas me provocas?
Y aquella frase de aquella vieja conocida que cuando brillabas decía: esta noche me tiro al fango.
¡Qué cosas tienen la luna y la música! Del placer ni hablamos. Ya dije bastante.

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