¡¡¡Fuego!!!
Con la delicadeza que los caracteriza, los que recogen nuestros detritos, me han despertado de modo brusco. Comprendo que su trabajo no sea grato, y que con tantos inventos aún no hayan acertado con uno para evitarles a estas personas ese trabajo tan desagradable. Pero, pero, pero. Corramos un tupido velo.
Eran las seis y veinte de la mañana. Y como todo en la vida tiene luz y sombra, hice café y me senté, (osada vieja) en la atalayita. Teníais que haberlo visto con vuestros propio ojos, porque mi pluma no es capaz de haceros ver la maravilla.
El pueblo parecía haberse incendiado.
Retazos de niebla semejaban humaredas y se proyectaban a diversas alturas y con mayor o menos intensidad de colores rosas, blanquecinos, grises. Como si aún el fuego no se hubiese extinguido totalmente.
Exclamé para mi: el pueblo arde. Y añadí, y tú eres una pirómana en potencia, porque estás disfrutando de un espectáculo que podría ser algo terrible.
Algo de verdad hay en ese pensar porque, cuando enciendo velas siempre juego con ellas. Añado trocitos de mondadientes para ver como el fuego oscila casi peligrosamente y se acerca en exceso al mantel hasta casi lamerlo. . En alguna ocasión he tenido que apartarlo de la mesa llevándolo al suelo. Lejos de objetos facílmente inflamables pues el juego me había llevado demasiado lejos. Pero lo hago una y otra vez.
Una vez más, me he perdido en los rescoldos grises de mi ego. Eso sí:contemplar como " ardía " el pueblo entre brumas ha sido muy hermoso. Ha sido un buen despertar.
Eran las seis y veinte de la mañana. Y como todo en la vida tiene luz y sombra, hice café y me senté, (osada vieja) en la atalayita. Teníais que haberlo visto con vuestros propio ojos, porque mi pluma no es capaz de haceros ver la maravilla.
El pueblo parecía haberse incendiado.
Retazos de niebla semejaban humaredas y se proyectaban a diversas alturas y con mayor o menos intensidad de colores rosas, blanquecinos, grises. Como si aún el fuego no se hubiese extinguido totalmente.
Exclamé para mi: el pueblo arde. Y añadí, y tú eres una pirómana en potencia, porque estás disfrutando de un espectáculo que podría ser algo terrible.
Algo de verdad hay en ese pensar porque, cuando enciendo velas siempre juego con ellas. Añado trocitos de mondadientes para ver como el fuego oscila casi peligrosamente y se acerca en exceso al mantel hasta casi lamerlo. . En alguna ocasión he tenido que apartarlo de la mesa llevándolo al suelo. Lejos de objetos facílmente inflamables pues el juego me había llevado demasiado lejos. Pero lo hago una y otra vez.
Una vez más, me he perdido en los rescoldos grises de mi ego. Eso sí:contemplar como " ardía " el pueblo entre brumas ha sido muy hermoso. Ha sido un buen despertar.
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