Ese encuentro avisado, y realizado. Más allá de rememoraciones ciertas o, interprretadas en las telúricas telas de amebas desmadradas. ( Vos sabés de que unicelulares seres que somos hablamos). 
Emociones casi disparadas. El lagrimal humedecido.. La mirada como en un reencuentro necesario. 
No nos abatieron los demonios. Tu triunfo, sin espada cantaba risas y emociones. A lo mejor te parecí fuerte. Es la propia debilidad la que nos hace  ser fuertes y plantarnos,  en un acto mudo, pero certero de ser y poder ser fuerte. Tu temblor es tuyo. El mío es mío, pero tú has demostrado esa fortaleza que, en mi, alabas,  más allá de lo que en mi admiras. es la proyección de tu fuerza. Jope, esas miradas que traspasan las propias.
Eva. qué grande el encuentro. Qué  desnudo mi ego desorbitado, qué cosa indescriptible verte abrazarte, reír contigo, bromear y pasar, casi de soslayo, por los grandes aconteceres de tu vida recuperada. Qué feliz idea la de visitar La Mínima, sin saber de ese otro encuentro, que ya no se iba a poder realizar. Los hados confabulados en mi barriga -que tú llamas con más tacto vientre-, donde las células acuáticas nadan con las amebas enamoradas de la sinrazón, de la intuición.
El tiempo, ese,  que dicen que no existe se deslizó de nuestras manos cual agua impetuosa e irreverente. 
Horas que no serán olvidadas. Feliz viaje de regreso a tu cuevita, a tu hogar. Te quedas aquí. Guardada en mi única célula.
Querida amiga.

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