Sin trabajo

Él se recuesta en el muro del descansillo de la escalera un día, otro día, y otro más. Así durante semanas. Interesándose, un día cualquiera, le aborda uno de los vecinos.
-Lo veo a diario y le noto preocupado, ¿ya no trabaja?
El aludido responde, así es. Ya no trabajo, estoy en el paro, y lo peor es ésta-responde señalándose con el dedo índice la cabeza.
-Sé de lo que me habla. No es fácil, pero debería hacer algo en contra de esa que se señala. Precisamente mañana, voy a una conferencia para hablar sobre el tema. ¿Quiere acompañarme?
-No gracias, tal vez más adelante.
-Bueno. Al menos su mujer trabaja en la limpieza.  Con dos críos y así...No, no es fácil.

Los meses transcurren, hasta que un día...

La casa del vecino en paro está patas arriba. Una legión de hombres acomete una obra de al parecer solemnes magnitudes. Muebles en la calzada, puertas y ventanas. Todo se renueva. Aparece un perrito en escena. ¿? Es de una raza que no ladra. Es japonés.  Buenos días.
Otra vez el tiempo pasa, cesan los ruidos. Retorna la normalidad.
El vecino en paro ya no se apoya en el muro del descansillo de la escalera. Las reuniones se suceden.
Cumpleaños hasta perder la noción. Debe celebrar todos los cumpleaños de todos los familiares y amigos. Comilonas, viajes de dos y tres días. Gente que viene de continuo.
El vecino de enfrente se pregunta. ¿Lotería?
Nunca había visto en la casa de enfrente tantos "amigos"
Ella, la esposa del parado sigue con su trabajo.

El vecino que estaba en el paro, sigue en el paro, pero ya no se señala con el dedo índice la cabeza, ni comenta nada. El otro tampoco pregunta.

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